Las mascarillas faciales se han convertido en uno de los mecanismos de protección más importantes, en la lucha para combatir la actual pandemia por SARS-CoV-2, que produce la enfermedad COVID-19, junto con el distanciamiento social y la higiene de las manos. Si bien es cierto que se han reportado diferentes anomalías en la salud derivadas por las medidas de confinamiento, restricciones, teletrabajo, etc., también se ha observado que las medidas de protección pueden conducir a cambios en la fisiología corporal.1

En esta oportunidad, el punto de análisis es el impacto que produce la mascarilla facial de protección sobre la superficie ocular. Se conoce que el uso de este dispositivo reduce significativamente la evacuación del aire producto de la respiración; este aire, necesita dispersarse al exterior, y busca sitios donde el contacto entre la mascarilla y el rostro es mínimo; esto quiere decir que, el área en mención más frecuente, es por la parte superior, a nivel de nariz y mejillas. Esto conduce al influjo de vapor de aire caliente sobre la superficie ocular, propiciando condiciones que favorecen una evaporación lagrimal más rápida.1

Boccardo 2020, en un estudio cualitativo cuyo fin fue determinar la sintomatología de inconfort ocular producido por las mascarillas faciales. Como resultado importante, se destaca que el 18.3% de la población encuestada, manifestó sintomatología importante al respecto. Este valor aunque no es alto, es significativo clínicamente, y podría empeorar a medida que avanza el tiempo de uso de estos protectores. Por su parte, Krolo et al 2021, en un estudio similar usando una versión modificada del cuestionario OSDI, y determinó que, la mayor prevalencia de ojo seco asociado a mascarillas, se presentó en mujeres; adicionalmente, si existe un diagnóstico previo de ojo seco, éste empeora, y que el mayor riesgo de resequedad se manifestará en pacientes que usen la mascarilla por un tiempo mayor a 3 horas al día.2,3

Mastropasqua et al 2021, en un estudio de casos y controles, determinó los cambios que puede producir el uso de estas mascarillas en la superficie ocular. Los grupos se subdividieron según la cantidad de horas al día en que se usaban las mascarillas así: menos de 3 horas, entre 3 y 6 horas, y más de 6 horas. El período de seguimiento fue de 3 meses. Entre los resultados más relevantes, la evaluación con lisamina verde, mostró un patrón de tinción mayor en aquellos pacientes que ya tenían ojo seco de base. Por otro lado, a través de la microscopía confocal, se detectó una mayor densidad de células dendríticas en todos los pacientes con ojo seco, y también en los pacientes sanos que usaban la mascarilla por más de 6 horas. La presencia de estas células presentadoras de antígenos, es indicativa de asociación con procesos inflamatorios en la superficie ocular.4 Ver figura 1.

Figura 2. En la parte superior se ve la microscopía confocal de base en los pacientes de ojo seco. A la izquierda. Menos de 3 horas de uso. Al medio. Entre 3 y 6 h. A la derecha. Más de 6 horas.

En la parte inferior se muestra la densidad de las células dendríticas a los 3 meses de seguimiento. Obsérvese que en todos los casos existió aumento de la densidad de estas células.4

Otro dato interesante, es que en los mismos grupos donde aumentó la densidad de las células dendríticas, también se incrementó la expresión de HLA-DR, que es un marcador inflamatorio importante relacionado con las células presentadoras de antígenos, y el factor mayor de histocompatibilidad. Aquí ya se observa un grado de evidencia de que las mascarillas faciales inducen sintomatología y posiblemente reacción inflamatoria de la superficie ocular.4

Silkiss et al 2021, en una región específica de USA, asoció el incremento de chalazión con el uso de la mascarilla. Su hipótesis radica en que la evaporación lagrimal inducida, genera resequedad, la cual puede llevar a blefaritis y endurecimiento del meibum, predisponiendo así a la formación del chalazión. El autor concluye que como medidas preventivas están el mantener la higiene de las manos, aumentar la higiene bucal para evitar contaminaciones desde la cavidad oral, no tocarse el rostro ni la mascarilla, y realizar limpieza palpebral profiláctica.5

Frente a las alteraciones que induce el uso de la mascarilla facial en la superficie ocular, se debe mantener la protección mediante el buen uso y ajuste al rostro de la mascarilla, higiene de manos, y aumentar la frecuencia de lubricación, para evitar ojo seco relacionado con las mascarillas faciales.

REFERENCIAS

1.        Suresh K Pandey, Vidushi Sharma. Mask-associated dry eye disease and dry eye due to prolonged screen time: Are we heading towards a new dry eye epidemic during the COVID-19 era? Indian J Ophthalmol [Internet]. 2017;69(2). Available from: www.ijo.in

2.        Laura Boccardo. Self-reported symptoms of mask-associated dry eye: A survey study of 3,605 people. Contact Lens Anterior Eye. 2020;(January).

3.        Krolo I, Blazeka M, Merdzo I, Vrtar I, Sabol I, Petric-Vickovic I. Mask-Associated Dry Eye During COVID-19 Pandemic-How Face Masks Contribute to Dry Eye Disease Symptoms. Med Arch (Sarajevo, Bosnia Herzegovina). 2021;75(2):144–8.

4.        Mastropasqua L, Lanzini M, Brescia L, Aloisio RD, Nubile M, Ciancaglini M, et al. Face Mask-Related Ocular Surface Modifications During COVID-19 Pandemic : A Clinical , In Vivo Confocal Microscopy , and Immune-Cytology Study. 2021;1–9.

5.        Silkiss RZ, Paap MK, Ugradar S. Increased incidence of chalazion associated with face mask wear during the COVID-19 pandemic. Am J Ophthalmol Case Reports [Internet]. 2021;22:101032. Available from: https://doi.org/10.1016/j.ajoc.2021.101032

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